
Cómo aguantar a tu pareja: una guía sin filtros para sobrevivir a la relación
Seamos sinceros: todos hemos tenido esos momentos. Ya sabes a cuáles me refiero. Tu pareja deja los calcetines sucios tirados en el suelo por tercera vez esta semana, o hace ese ruidito raro con la boca al masticar, y de repente te encuentras cuestionando cada decisión de tu vida que te ha traído hasta aquí. Si alguna vez has buscado en Google “cómo aguantar a tu pareja” a las dos de la madrugada, créeme que no eres el único.
La cosa es que aguantar a tu pareja no va de apretar los dientes y soportarla como si fueras una especie de mártir del amor. Va más bien de encontrar la manera de convivir en paz sin perder la cabeza y, con suerte, sin perder el sentido del humor. Porque seamos realistas: seguramente tu pareja también se esté preguntando cómo aguantarte a ti.

Entender de qué va eso de “aguantar”
Lo primero de todo: hablemos de qué queremos decir en realidad cuando decimos que tenemos que “aguantar” a nuestra pareja. A veces suena fuerte, ¿verdad? Como si estuviéramos hablando de soportar un grifo que gotea o al perro del vecino que no para de ladrar. Pero aquí va la dosis de realidad que todos necesitamos: absolutamente cada persona de este planeta tiene manías, costumbres y comportamientos capaces de sacar de quicio a otra.
Tu pareja no intenta molestarte cuando deja las puertas de los armarios abiertas o se olvida de cambiar el rollo de papel higiénico. Bueno, la mayoría de las veces no. Simplemente está siendo humana, y los humanos somos criaturas maravillosa y frustrantemente imperfectas. La clave está en aprender a moverte entre esas imperfecciones sin perder la cabeza —ni la relación— por el camino.
Recuerdo una conversación con mi amiga Sara sobre justo este tema. Llevaba ocho años casada y me dijo: “El día que me di cuenta de que mi marido no intentaba volverme loca a propósito fue el día en que nuestro matrimonio mejoró muchísimo”. Ahí hay bastante sabiduría, la verdad.
Lo que Sara descubrió es algo que los expertos en relaciones llaman “teoría de la atribución”: básicamente, cómo nos explicamos a nosotros mismos el comportamiento de nuestra pareja. Cuando damos por hecho que hay mala intención detrás de cada costumbre molesta, creamos un conflicto innecesario. Pero cuando entendemos que la mayoría de los comportamientos que nos irritan vienen de una educación distinta, del estrés o de un simple despiste, podemos afrontarlos con más compasión y menos rencor.

Elige bien tus batallas
Aquí va algo que nadie te cuenta sobre las relaciones: no puedes arreglarlo todo, y tampoco deberías intentarlo. Si te pasas el día sacando punta a cada pequeña cosa que hace tu pareja, vas a acabar agotado y, de paso, probablemente la alejes de ti.
Piénsalo así: imagina que alguien te siguiera todo el día señalando cada vez que respiras demasiado fuerte, dejas un plato en el fregadero o te olvidas de colgar el abrigo. Te entrarían ganas de gritar, ¿a que sí? Pues tu pareja siente exactamente lo mismo cuando estás encima de ella todo el rato por tonterías.
El truco está en aprender a distinguir entre lo que de verdad importa y lo que solo resulta un poco molesto. ¿Importa de verdad que aprieten el tubo de pasta de dientes por el medio en vez de por abajo? Probablemente no. ¿Importa que se olviden una y otra vez de fechas importantes o que resten valor a tus sentimientos? Por supuesto que sí.
Prueba a crear lo que yo llamo un “sistema de triaje para la relación”. Coloca los problemas en tres categorías: líneas rojas (cosas que van en contra de tus valores o tus límites de forma no negociable), mejoras de la relación (cosas que harían la vida mucho mejor si se resolvieran) y pequeñas molestias (cosas con las que puedes aprender a vivir o de las que puedes reírte). Centra tu energía en las dos primeras categorías y deja pasar la tercera. Así evitas convertirte en la policía de la relación y, a la vez, te aseguras de que los temas importantes reciban la atención que merecen.
Cuando algo te moleste, hazte estas preguntas: ¿esto le hace daño de verdad a nuestra relación? ¿Va a importar dentro de cinco años? ¿Estoy simplemente de mal humor o es una preocupación legítima? ¿Puedo vivir con esto si no cambia nunca?

La comunicación: el arma no tan secreta
Lo sé, lo sé. Todo el mundo habla de la comunicación en pareja como si fuera una cura milagrosa para todo. Pero resulta que funciona de verdad… cuando la haces bien. El truco está en aprender a sacar los temas sin que parezca que estás leyendo la lista de reclamaciones.
En lugar de decir “nunca me ayudas con los platos”, prueba con algo como “me vendría genial un poco de ayuda para recoger después de cenar; me hace sentir apoyado cuando lo hacemos juntos”. ¿Ves la diferencia? Una suena a acusación; la otra suena a que estáis en el mismo equipo.
Y el momento también importa. No saques temas serios de pareja justo cuando tu pareja acaba de entrar por la puerta tras un día de trabajo estresante, ni cuando está intentando ver su serie favorita. Elige un momento en el que los dos estéis relativamente tranquilos y podáis centraros de verdad en la conversación.

Cultiva tu sentido del humor
Puede que suene cursi, pero aprender a reírte de lo absurdo del día a día en pareja puede cambiarlo todo. Cuando mi pareja deja la taza de café en los rincones más insospechados de la casa, he empezado a hacer fotos y a crear una pequeña colección. Pasó de ser algo molesto a ser nuestro chiste privado.
Está claro que no hablo de reírse de los problemas serios ni de usar el humor para quitarle importancia a preocupaciones legítimas. Pero ¿para esas manías y costumbres del día a día? A veces un poco de risa es de verdad la mejor medicina. Te ayuda a recordar que esta persona te cae bien de verdad, incluso cuando te está sacando de quicio.

Crea tu propio espacio
Aquí va algo que quizá te sorprenda: pasar juntos cada minuto del día no es sano para la mayoría de las relaciones. Necesitas tiempo para echaros de menos, tiempo para dedicarte a tus propios intereses y, siendo sinceros, tiempo para desconectar de la energía del otro.
Esto no significa que no quieras a tu pareja ni que vuestra relación vaya mal. Significa que sois seres humanos que necesitan su espacio individual para recargar pilas. Puede ser un café semanal con los amigos, una afición que haces por tu cuenta o simplemente una hora de lectura en otra habitación. Lo que a ti te funcione.
Cuando tienes tu propio espacio y tus propios intereses, es menos probable que te obsesiones con cada pequeña cosa que hace tu pareja. Y, además, tendrás cosas más interesantes que contar cuando sí paséis tiempo juntos.

Céntrate en lo bueno
Es fácil caer en la trampa de fijarse en todo lo que tu pareja hace mal mientras das por sentado lo bueno. Nuestro cerebro está literalmente programado para prestar más atención a lo negativo: se llama sesgo de negatividad, y es un fenómeno psicológico real.
Pero esto es lo que puedes hacer al respecto: haz un esfuerzo consciente por fijarte en las cosas positivas que hace tu pareja y reconocérselas. ¿Te ha preparado el café esta mañana? Díselo. ¿Te ha escuchado desahogarte con el drama del trabajo? Dale las gracias. No se trata de ser falso ni de vivir dando las gracias por todo, sino de entrenar a tu cerebro para que vea la foto completa y no solo las partes frustrantes.
Prueba a llevar una lista mental de tres cosas buenas que tu pareja haya hecho cada día. Suena de lo más simple, pero con el tiempo puede cambiarte la perspectiva por completo.

Saber cuándo pedir ayuda
A veces, los problemas de una relación van más allá de las manías y las incompatibilidades normales. Si te encuentras constantemente enfadado, resentido o sintiendo que caminas sobre cáscaras de huevo, puede que haya llegado el momento de hablar con un profesional.
La terapia de pareja no es solo para relaciones que se están cayendo a pedazos: también es para parejas que quieren comunicarse mejor y entenderse más a fondo. Piénsalo como ir al gimnasio, pero para tu relación. No esperas a estar completamente fuera de forma para empezar a hacer ejercicio, ¿verdad?

Recuerda por qué estáis juntos
Cuando estás metido de lleno en el día a día, lidiando con el estrés del trabajo, las responsabilidades de casa y todo lo mundano que viene con las relaciones adultas, es fácil olvidar por qué te enamoraste de esta persona en primer lugar.
Dedica un rato a recordar qué te atrajo de tu pareja al principio. ¿Su sentido del humor? ¿Su bondad? ¿La forma en que te hacía sentir comprendido? Esas cualidades seguramente siguen ahí, solo que quizá enterradas bajo el estrés del día a día.
A veces aguantar a tu pareja no tiene nada que ver con la tolerancia: tiene que ver con recordar que el amor no es solo un sentimiento, es una elección que haces cada día. Hay días en que esa elección es más fácil que otros, y eso es completamente normal.
Al final del día, toda relación requiere cierta dosis de paciencia, de ceder y, sí, de aguantar las imperfecciones del otro. El objetivo no es convertir a tu pareja en tu persona ideal, sino encontrar la manera de quererla y aceptarla tal como es, sin renunciar por ello a tu propia felicidad y bienestar. Y si consigues hacer todo eso sin perder el sentido del humor por el camino… entonces ya estás ganando en esto de las relaciones.
Dr. Marcos Cabezas



Comentarios